jueves, 16 de octubre de 2014

A JAVIER RODRIGUEZ



José Francisco Luz Gómez de Travecedo.

Dígame. De colega a colega. Con confianza. ¿Está usted en su sano juicio?
¿En verdad cree que quien se comportó como un canalla puede seguir un minuto más siendo consejero? Consejero… ¿De qué?
¿En verdad cree que es capaz de aconsejar quien se comportó de modo tan ruin?
He tenido la oportunidad de oír sus declaraciones y la verdad: no da usted sensación alguna de solvencia profesional ni ética.
Le remito a mi spot MAGINOT, en mi blog LA VOZ TENDIDA, donde tendrá oportunidad de enterarse de lo sucedido. Podrá así saber lo que realmente ocurrió y caer de rodillas ante una pobre enferma que hasta ayer se debatía entre la vida y la muerte. Usted se permitió denigrar hasta la nausea a Teresa a la que, con una enorme crueldad, culpó de lo que no era sino un enorme fallo en los procedimientos protocolarios de diagnóstico y manejo de estos pacientes. Fallo atribuible por completo a las autoridades competentes entre las que se cuenta usted.
Usted no puede pedir disculpas e irse de rositas. Porque no podrá nunca disculparse lo que fue una enorme e injusta patada a la dignidad y respeto debidos a todo ciudadano. Máxime en sus circunstancias.
Ustedes, los políticos, todavía no han aprendido que no son otra cosa que humildes mandatarios del pueblo al que sirven. Todavía no han aprendido que, como la mujer del Cesar, no solo deben ser sino parecer y, usted, se ha comportado como un auténtico patán arrojando serias dudas, sospechas, acerca de su catadura ética.
Fue usted fiel a su papel político, servir al amo, e intentó desviar la atención de la opinión publica, a sabiendas, hacia Teresa a la que convertía en chivo expiatorio, cabeza de turco, con la intención de sacrificarlo por los pecados de todos ustedes. Defraudó, empero, en su cometido: servir a los ciudadanos de los que recibe sueldo y demás, pero sobre todo, confianza. Confianza que ha perdido; no tiene ya crédito, esta desacreditado, usted y la camarilla que lo sostiene.
Verá, don Javier, no tiene otra salida: pedir perdón (no disculpas, perdón) a Teresa en su cara, restaurar su buen nombre atribuyéndose la responsabilidad, con otros, de lo sucedido y luego, metida la cabeza entre los hombros, irse entre miradas de desprecio para, acto seguido, dimitir. Si es que hay en usted un mínimo de sentido ético. 
Por supuesto, mi más absoluta desaprobación de la conducta del presidente de la comunidad de Madrid que, manteniéndole en el puesto, se hace partícipe de su conducta.

Por último, no crea ni por un momento que podrán esquivar las críticas porque, antes o después, las urnas acabaran con su vida política. No lo dude.

1 comentario:

  1. El hombre, de nuevo el animal humano mostrando su entraña depredadora. De nada sirven los sistemas, los modos de organización mientras el animal humano, el hombre, no progrese éticamente. No hay nada que hacer, por ahora. Salvo por el temor al castigo. Castigo que, por otra parte, nunca, jamás, les afecta. Vivimos, pues, en un mundo desolador, pero el progreso ético es imparable. De eso estoy seguro.

    ResponderEliminar