lunes, 3 de noviembre de 2014

¡BASTA YA!


José Francisco Luz Gómez de Travecedo.

Hasta ahora en lo referente al propósito catalán he venido escribiendo en tono muy moderado. He intentado hacer ver lo repugnante que resultaba a la inteligencia tal propósito y más cuando se quiere hacer creer que es profundamente democrático. Repugnante porque tal pretensión, que se lleva por delante a los derechos humanos, proviene de una oligarquía burguesa más o menos arropada por un sector del pueblo llano que cree ver en ello una cizalla que rompa las cadenas de una existencia gris y sin horizonte. ¡Qué paradoja! Para sentirse libre enchiquerarse, rodearse de fronteras...
Repugnante además porque se exige que tal maniobra sea considerada democrática. Ni lo es por el grupo que ha tomado la iniciativa: la alta burguesía, ni por el mismo concepto democrático que será para siempre respeto al interés general sin más límite que los derechos fundamentales del hombre, como hemos venido señalando.
Los derechos humanos son, asimismo para siempre, las líneas rojas que nunca, jamás, deben ser traspasadas. No hacerlo así es aceptar la ley del más fuerte, la vuelta a la caverna.
Llegados a este punto, hay quienes sustituyendo esa realidad que es el hombre y sus derechos por esa entelequia que es el grupo nacional, hablan también de los derechos de las naciones y de sus líneas rojas. No vale.
La política será siempre un servicio ciudadano. Un servicio para el ciudadano; en absoluto, por el ciudadano. Exactamente, lo contrario de lo que se ha venido practicando en España con el resultado de una absoluta marginación de la sociedad civil y un excesivo protagonismo de la clase política que permeándolo todo ha ocasionado bloqueo de las iniciativas públicas y corrupción. La política, pues, debe ser un denodado y mantenido empeño por asegurar al hombre su derecho a decidir por si mismo o no será otra cosa que imposición de unos sobre otros.
Cuando el político hace referencia al pueblo se permite el lujo de hablar en su nombre porque, como tal ente de razón, carece de voz y voluntad. Hacen del pueblo un dios y, como los sacerdotes antaño, hablan interesadamente por su boca.
Ante esta farsa, ante esta manipulación de las voluntades, ante este intento de quebrantar derechos humanos intangibles (ya hablamos del ataque directo a los derechos de nacionalidad y contra el destierro, entre otros), uno se alza indignado y grita: ¡basta ya!
Pretensiones de este tipo llevaron a dividir a la población alemana hasta el punto de considerar a judíos y gitanos perros paisanos indignos de derecho alguno. Recordemos: leyes de Núremberg de 15 de septiembre de 1935 del ministro Wilhhelm Frick.
No se puede contemporizar con este tipo de conductas salvajes que atentan contra el hombre y sus derechos básicos. El gobierno del Estado debe reaccionar con firmeza o se hará colaborador de un delito de lesa humanidad. También de un delito de leso Estado o de lesa soberanía porque se posterga al soberano, al pueblo soberano, a la hora de tomar decisiones respecto de asuntos que son de soberanía popular. El gobierno que así procede ha usurpado el poder soberano y se comporta de modo tiránico. Aparta al pueblo y decide por él incurriendo en delito de lesa majestad. El contrato social salta por los aires.
Todo esto parece mera filosofía pero olvidar la reflexión teórica a la hora de tomar decisiones es navegar sin brújula y aún sin cuaderno de bitácora. A partir de ese momento solo cabe esperar encallar por calado insuficiente o la rotura del casco contra los arrecifes.  
Tal vez alguno creerá ver en mi a un español. En absoluto, me considero luzlandés y ciudadano europeo en la esperanza de que algún día mis descendientes sean considerados ciudadanos del mundo.
Ciudadanos libres de pensar cuanto quieran sin más traba que el sometimiento a la razón y al respeto a los demás.


viernes, 31 de octubre de 2014

CORRUPCIÓN


José Francisco luz Gómez de Travecedo

Anda muy revuelto el mar de la política; es habitual desayunarse con la noticia de nuevas corruptelas. Tan pronto como aparece una al respecto es sustituida por otra. La vigencia de tales hechos es tan corta en el tiempo como las mangas de un chaleco. Vivimos a la par expectantes y atormentados por un mar de fondo que amenaza con tragarse el régimen político.
frente a esto, la actitud muchas veces comprensiva hacia los suyos de una casta política que propone y propone y propone mil medidas correctoras en un vano intento por blanquear sus conductas.
Intentan los partidos salvar la situación con la estratagema de los códigos de conducta ética. Como si la conducta reprobable lo fuera por desconocimiento del camino recto que lleva a la virtud. Yo no sabia, dicen…
Las Tablas de la Ley tienen más de 2000 años y son, sin duda, un completo decálogo ético para judíos y cristianos. Los españoles los conocen bien, muy bien. Desde siempre los Diez Mandamientos han sido su modelo referencial.  Hasta tal punto que, sin duda, hasta el más ateo de los españoles a la pregunta de si desea a la mujer de su prójimo respondería con un rotundo NO. Sin embargo, ¿qué?
La Iglesia viene preocupándose de librarnos del pecado desde hace 2 milenios. Ha predicado y amedrentado con todo tipo de castigos horrendos en esta vida y la otra y, al parecer, hasta dio ejemplo de conducta moral. ¿Y qué?
La realidad es que el pecado, la transgresión de la ley, ha presidido nuestras vidas y no ha habido cama ni alta ni baja que se haya visto libre del pecado de impudicia.
No creo, pues, en absoluto en los reglamentos de la conducta humana. Sencillamente, porque no es el hombre un ser naturalmente ético. Sería pedirle demasiado. Pensar que el hombre es bueno por naturaleza resulta inconcebible. Basta con leer por encima la historia, que no es más que el relato de una continua atrocidad, de un estado bélico perpetuo con pausas de armisticio, mal llamadas de paz, que son aprovechadas para mejor pertrecharse contra el enemigo de turno. Debería escribirse con la sangre de los caídos y así, quizá, tendría algún valor docente.
No es la ética una cuestión de itinerario, de orientación de la conducta en pos de un bien inmanente al ser humano sino una reflexiva y subjetiva apreciación acerca de lo que es bueno para el hombre y sus semejantes. Una toma de postura personal al decir de Sabater. Lo que a uno le parece encomiable a otro le parecerá aborrecible. No basta, pues, con enseñar a comportarse decentemente, es preciso consensuar para luego persuadir y reprimir.
Por eso, todo decálogo ético es un corsé que restringe nuestros movimientos. Tanto que termina resultando insoportable y más en la medida en que se impone contra natura. Aun aceptándolo la tentación de desobedecer será permanente.
Impregnados de cristianismo hemos dado en creer que somos criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios y hemos hecho equivalente humanitarismo a sensibilidad y compasión de las desgracias ajenas... Que yo sepa, humanos han sido todos aquellos que han conducido a los pueblos a su destrucción. Cómo creer a Kant cuando dice aquello de la ley moral dentro de mi...
Tampoco la ciencia ha estado muy lúcida, desde Linneo (Sistema de la Naturaleza, 1758) que nos catalogó como homo sapiens (¡Caramba, se detuvo en el rasgo menos habitual!) hasta aquellos que se rasgaban las vestiduras al oír aquello de que descendemos del mono.
Y lo siento, pero así es. Nada hay que justifique otra naturaleza que la animal en nosotros. De hecho, para los taxonomistas estamos integrados junto a los grandes simios (gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes) en la familia homínidos. Naturalmente dentro de la familia el grado de parentesco es variable y, por lo que hace a la genética y evolución, nuestros parientes más próximos son los chimpancés: criaturas muy monas de las que más vale mantenerse a distancia. De hecho, en el zoo de Santilla del Mar la única jaula que exhibía un letrero en el que se leía: Animal peligroso, era la de los chimpancés.
Será, pues, preciso un minucioso estudio de la conducta de estos animales para comprender y prever las reacciones humanas no siempre de homo sapiens; más bien de pan troglodytes (chimpancé común).
Es verdad que se ha intentado ver en estos parientes un punto de altruismo y solidaridad, pero ambos conceptos son ajenos a su condición animal y a su interés. Con Monod excluyo cualquier explicación teleológica de la cuestión: no hay un fin en su conducta sino una adaptación de la conducta al medio. Era el comportamiento que, por selección natural, mejor aseguraba la perpetuación de la especie. También, el orden jerárquico y la defensa a ultranza del territorio. ¡Caramba, caramba! ¿No vemos aquí una enorme similitud con la conducta del hombre?
Estoy convencido de que la especie humana camina en pos de la progresiva adaptación al entorno social; en busca de un difícil equilibrio entre sus pulsiones biológicas (entraña animal) y sus deberes. No creo tanto en los cambios adaptativos ligados a los genes como en aquellos ligados a lo que denomino frenes (de φρενός, inteligencia)  o unidades de pensamiento. Estos, aunque hipotéticos e inmateriales, permiten esa otra gran herencia: la herencia de la conducta aprendida, la frénica; herencia que, como la genética, pasa de padres a hijos y justifica aquello de: De tal palo, tal astilla. Esta conducta puede ser singular, en cuyo caso hablamos de conducta familiar, o general, en cuyo caso hablamos de conducta social o del grupo. En virtud de ello podemos hablar de franceses, italianos o españoles.
Pero tales cambios adaptativos al entorno humano, básicamente social, requieren tiempo. De generación en generación, en porcentajes crecientes, la especie humana aprenderá desde la cuna a comportarse con arreglo a los nuevos paradigmas (honradez, respeto, sometimiento a la ley, etc.) siempre y cuando se respete el derecho de todo ser humano a vivir en paz consigo mismo. Existe una fina línea entre el hombre y los demás. Cuando se traspasa por el hombre nos damos de bruces con el despotismo, pero cuando es el hombre el atropellado nos enfrentamos al totalitarismo opresor y estéril.
Mientras tanto, de nada sirven los reglamentos y los códigos de conducta, pero sí la justicia que condena y aplica la pena caiga quien caiga.

Mientras el hombre-mono, el ser humono, no sea instruido desde su niñez con la palabra y el gesto, mientras en los modelos educativos prevalezca la inteligencia lógica sobre la emocional, mientras asistamos lívidos de ira ante el patético espectáculo de una justicia zarandeada por delincuentes de toda laya, mientras los delincuentes de cuello blanco se pavoneen y jacten de sus hazañas, mientras en la cárceles no haya empresarios, políticos y jueces, mientras la prescripción del delito, el indulto y la inmunidad parlamentaria sigan vigentes... Desengáñense, el hombre-mono reina entre nosotros y no cabe alegría alguna por mucho código de conducta que se proponga.

viernes, 24 de octubre de 2014

JACOBINOS



José Francisco Luz Gómez de Travecedo

Vuelvo a insistir: el Estado federal nunca fue una concepción de la izquierda. Tampoco la monarquía parlamentaria. Sí fueron pretensiones de la gran burguesía revolucionaria reunida en torno a Jacques Pierre Brissot, los llamados brissotins o rolandistes, por Jean-Marie Roland de la platière, y, posteriormente, girondinos, desde Lamartine. Gran burguesía revolucionaria que en la Convención Nacional ocupaba los escaños de la derecha moderada en oposición a los integrantes de la montaña o montagnards, grupo heterogéneo en el que se contaban los sans-culottes, los jacobinos y los cordeliers. Estos eran básicamente partidarios del Estado centralizado, del sufragio universal (hay que decir que masculino exclusivamente), del derecho al trabajo y a la educación y de la acción social con dinero público.  En el centro, la llanura; la llamada pleine o marais, los tibios. Las tensión creada por ambas facciones deparó la vida de la asamblea que, dirigida en principio por los girondinos, acabó estallando en 1793 para tomar un rumbo de izquierdas nunca aceptado por los girondinos que promovieron la sublevación de las ciudades federalistas del sur: Lyon, Burdeos, Marsella, etc.  Revuelta que fue rápidamente sofocada por la Convención y terminó con la ejecución por guillotina de los dirigentes girondinos, algunos de los cuales se suicidaron: Pétion, Clavière y Roland. En adelante, el Terror, una orgia de decapitaciones arbitrarias que termina el 9 de Termidor (julio).  Acto seguido se instauró la Convención Termidoriana que dio paso a Directorio el 5 de noviembre de 1795.
Así las cosas, siendo la izquierda genuina, la prístina, republicana y centralista… ¿Cómo entender la constante adhesión de la izquierda española, que se dice, a los deseos de la gran burguesía periférica siempre en búsqueda de la secesión ya sea de hecho, por la vía de la confederación ya sea de facto por la vía de la independencia?
¿Cómo entender el permanente empeño por quebrar el cuerpo político, el soberano?
La izquierda se dice, sin excepción, socialista, pero para el socialismo la concepción burguesa del Estado siempre fue un problema y, no digamos, para el socialismo marxista para el que la propiedad privada y el Estado nacional fueron enemigos a batir.
El Estado concebido por los revolucionarios franceses era una entidad al servicio del pueblo basada en la igualdad y en la concepción del individuo como ciudadano; esto es, como detentador de derechos y deberes. Por el contrario, el Estado nacional de concepción burguesa es una entidad al servicio de la nación entendida como deidad a cuyo servicio se dedican toda una suerte de clérigos que administran los actos de liturgia y enseñan el credo nacionalista a la grey que ya no es el conjunto de los ciudadanos sino el conjunto de los feligreses. Es un Estado trufado de religiosidad ñoña que, como la Iglesia antaño, aplica el dogma y anatematiza al discrepante al que tacha de traidor y excluye de la comunidad de un modo u otro. Naturalmente, en un Estado así, la defensa de las posiciones de privilegio y la bula es magnífica. Todo queda enmascarado so pretexto de servicio a la nación. De nuevo, el Estado teocrático ahora bajo la advocación de la nación. Un Estado jerarquizado, de derechas, donde el paisano carece de derechos  en absoluto y, por ende, contrario a las pretensiones de la izquierda genuina, la izquierda prístina. Pero, de nuevo, la izquierda española se hace la sorda y admite y comprende y apoya las pretensiones nacionalistas que son burguesas y de derechas; pretensiones de pasado, de vuelta al Estado de los estamentos, de la casta y del derecho de pernada.
De hecho, la aspiración catalana, tan apoyada por la izquierda española no es otra cosa que un expolio en potencia de derechos humanos. De triunfar, en nombre de la nación se conculcarían derechos fundamentales como el de nacionalidad (artículo 15 de la DDH de diciembre de 1948), el de destierro (artículo 9 de la DDH de diciembre de 1948) y el de propiedad (artículo 17 de la DDH de diciembre de 1948). Para el nacionalismo burgués es natural: el individuo es paisano, en absoluto ciudadano poseedor de derechos, pero para la izquierda…
Cuando la flecha de la historia apunta a sociedades abiertas y cada vez más individualistas; cuando los mitos se derrumban y los individuos, cada día más preparados intelectualmente, reclaman lo objetivo y el consenso y eluden la uniformidad (iguales sí, pero no idénticos); cuando la superstición y la superchería de antaño se baten en retirada; cuando los individuos se sienten por doquier ciudadanos y exigen sus derechos, entre otros, el de moverse por un espacio vital (el lebensraum de Ratzel) más amplio; cuando los individuos se cuestionan que ser en tanto que tales y, ya no, en tanto que nacionales; cuando el paradigma de vida ha cambiado, pretender la vuelta al pasado es, cuando menos, una broma de mal gusto y, más cuando los pretendientes son esos que se llaman hijos de la izquierda.


jueves, 16 de octubre de 2014

A JAVIER RODRIGUEZ



José Francisco Luz Gómez de Travecedo.

Dígame. De colega a colega. Con confianza. ¿Está usted en su sano juicio?
¿En verdad cree que quien se comportó como un canalla puede seguir un minuto más siendo consejero? Consejero… ¿De qué?
¿En verdad cree que es capaz de aconsejar quien se comportó de modo tan ruin?
He tenido la oportunidad de oír sus declaraciones y la verdad: no da usted sensación alguna de solvencia profesional ni ética.
Le remito a mi spot MAGINOT, en mi blog LA VOZ TENDIDA, donde tendrá oportunidad de enterarse de lo sucedido. Podrá así saber lo que realmente ocurrió y caer de rodillas ante una pobre enferma que hasta ayer se debatía entre la vida y la muerte. Usted se permitió denigrar hasta la nausea a Teresa a la que, con una enorme crueldad, culpó de lo que no era sino un enorme fallo en los procedimientos protocolarios de diagnóstico y manejo de estos pacientes. Fallo atribuible por completo a las autoridades competentes entre las que se cuenta usted.
Usted no puede pedir disculpas e irse de rositas. Porque no podrá nunca disculparse lo que fue una enorme e injusta patada a la dignidad y respeto debidos a todo ciudadano. Máxime en sus circunstancias.
Ustedes, los políticos, todavía no han aprendido que no son otra cosa que humildes mandatarios del pueblo al que sirven. Todavía no han aprendido que, como la mujer del Cesar, no solo deben ser sino parecer y, usted, se ha comportado como un auténtico patán arrojando serias dudas, sospechas, acerca de su catadura ética.
Fue usted fiel a su papel político, servir al amo, e intentó desviar la atención de la opinión publica, a sabiendas, hacia Teresa a la que convertía en chivo expiatorio, cabeza de turco, con la intención de sacrificarlo por los pecados de todos ustedes. Defraudó, empero, en su cometido: servir a los ciudadanos de los que recibe sueldo y demás, pero sobre todo, confianza. Confianza que ha perdido; no tiene ya crédito, esta desacreditado, usted y la camarilla que lo sostiene.
Verá, don Javier, no tiene otra salida: pedir perdón (no disculpas, perdón) a Teresa en su cara, restaurar su buen nombre atribuyéndose la responsabilidad, con otros, de lo sucedido y luego, metida la cabeza entre los hombros, irse entre miradas de desprecio para, acto seguido, dimitir. Si es que hay en usted un mínimo de sentido ético. 
Por supuesto, mi más absoluta desaprobación de la conducta del presidente de la comunidad de Madrid que, manteniéndole en el puesto, se hace partícipe de su conducta.

Por último, no crea ni por un momento que podrán esquivar las críticas porque, antes o después, las urnas acabaran con su vida política. No lo dude.