ASISTENCIA
PÚBLICA
Comparto
la opinión que antaño expresaba mi estimado colega M. Labay alertando
sobre el peligro de perder esa “joya” que es la asistencia pública. Miren: una
empresa privada se regula por ley de oferta-demanda. O sea, que no puede
ofertar aquello que carece de demanda o, habiéndola, lo oferta caro. Debe,
pues, en cada momento, adecuarse al mercado. Y a esto es a lo que llamo
regulación externa. Pero una empresa pública, la que nos ocupa, se hurta a esta
ley inexorable porque el costo de sus productos es “invisible”. Invisible para
quien los adquiere que, creyéndolos gratuitos, los demanda con avidez e
invisible para la propia empresa que, ajena a la competencia, tampoco percibe el precio ruinoso de sus
ofertas. Esta doble ceguera funcional causa el desmesurado crecimiento de la
empresa pública que precisada de fondos y más fondos acabará, antes o después, por quebrar.
Debe, pues, regularse, adecuarse a las necesidades convenidas. Y esto solo es
posible mediante acuerdo y administración. En otras palabras, por regulación interna.
Regulación que supone acordar con la sociedad civil -¡Ah, la sociedad civil, la sociedad civil, quien se acuerda de ella!- los objetivos e implementar
lo necesario, solo entonces, para lograrlos con la máxima eficacia; esto es,
sin despilfarrar. Encomendar esta tarea a los políticos es arriesgar porque,
dada su trascendencia electoral, caerán, una y otra vez, en la tentación de
ofrecer, superándose unos a otros, no una asistencia razonable, sensata, sino
una asistencia de fantasía. Una asistencia universal y gratuita dicen; por supuesto excelente. Pero... ¿a qué precio? Veo la fotografía reciente
de la parada en box, para repostar, de un vehículo de la fórmula uno. En torno
al bólido llegan a concentrarse más de una veintena de técnicos con ánimo de
lograr el aprovisionamiento del auto en el menor tiempo posible. Desde luego,
el coste no importa con tal de ganar la carrera, pero... ¿este extenuante
esfuerzo competitivo que, al fin y a la postre, tiene su límite –nunca un
automóvil de carreras recorrerá un circuito en un santiamén- puede ser tomado
como ejemplo por la asistencia sanitaria en su gravoso empeño por darle meses,
tal vez días, a la vida humana, también limitada?
José Francisco Luz Gómez de Travecedo
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