jueves, 13 de febrero de 2014

LA MUJER

Sufragismo, es decir la larga lucha que las mujeres occidentales debieron entablar allá por el siglo XVII cuando, en 1647, Margaret Brent reclamó, sin éxito naturalmente, lugar y voto.  Es de justicia citar los nombres de mujeres entrañables: entre todas, Mary Wollstonecraft y entre nosotros, Concepción Arenal que tomando el testigo ayudaron a llevarlo a la meta de la victoria: la manumisión y, por ende, el derecho a votar. Desde entonces, muchos días han pasado, pero en el camino de la libertad, en absoluto de la igualdad (porque no somos iguales), la mujer sigue cayendo en las trampas que una y otra vez le tiende el hombre. Una, la contracepción que sufre la mujer pero beneficia al hombre. Digo: ¿por qué no una contracepción que sufra el hombre y beneficie a la mujer? Otra, la cuota de participación, figura estelar de la futura Ley de Igualdad. Miren: la única manera de lograrla, con la salvedad expresada, es no ver el género de las personas. ¡Por cierto!, palabra esta del género femenino usada indistintamente para hombres y mujeres y que viene pintiparada para lo que digo: que siendo, todos, personas la participación en los órganos de representación SOLO ha de atender a los méritos personales correspondientes, nada más. Se aprecia ahora la trampa: no es que el varón conceda la mitad sino “que él se asegura la mitad”. Ante una mujer desenvuelta, de un enorme tesón que se manifiesta hoy en la consecución de los más brillantes historiales académicos, el hombre, que se bate en retirada, le tiende celadas una y otra vez. Por último, las deseo en la política. Como dijo M. Thatcher: En política, si queréis un discurso, pedid un hombre, pero  si queréis hechos, demandad una mujer.  A vuestros pies, señoras.


José Fco. Luz Gómez de Travecedo

1 comentario:

  1. Un humilde homenaje a la mujer. La mujer lapidada aquí y allá, antes y ahora. ¿Cuándo acabara esto?

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