ARCAISMOS
Recuerdo ahora con cuanto celo usaba el
coche oficial el padre de un amigo mío. Inocente yo, me permití, en aquella
España pedestre, manifestarle mi envidia por disponer de un medio de locomoción
tan deseado, pero me corrigió de inmediato porque el vehículo era
exclusivamente para uso oficial. ¡En la España de la dictadura! Hoy, empero,
¡en la España democrática!, un mandatario, el jefe del ejecutivo, por
“cuestiones de seguridad y de honor al cargo que representan” y porque “tienen
un tratamiento distinto al del resto de los mortales”, emplea, por motivo
personal, no un coche... ¡un enorme avión oficial! El motivo: parece que algo
imprescindible de imposible adquisición en España. Si como dice el ministro de
Administraciones Públicas del central, la seguridad y el honor atañen al cargo,
pregunto: ¿para qué precisa un mandatario comprar en Londres, ¡perdón!, London
(no va a ser menos London que Lleida)? ¿Acaso fue a comprar un compass and
letters of navigation en el proceloso mar de la política exterior? ¿Fue a mercar, en inglés, el Second Treatise of
Government de Locke? No lo creo, pero si así fuera bien puede mandar a su
embajador. Respecto del honor, no reconozco otro que el ganado con el esfuerzo
personal; en absoluto, el honor ligado a un cargo y mucho menos cuando se logra
con el “enorme esfuerzo” de ganar en unos comicios. Creo, sin embargo, en la
honorabilidad del cuerpo político, del soberano porque solo a él se debe acatamiento y honra. O sea, de aquel
al que el Sr. Sevilla, con torpeza, ha denominado: “el resto de los mortales”.
Conductas tan arcaicas llaman la atención sobre una estructura estatal
autonómica con tufos versallescos que se desmorona poco a poco infestada, toda
ella, por la carcoma nacionalista.
José Fco. Luz Gómez de Travecedo
Acerca del iso particular de los medios de transporte oficial
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