martes, 4 de febrero de 2014

ARCAISMOS


Recuerdo ahora con cuanto celo usaba el coche oficial el padre de un amigo mío. Inocente yo, me permití, en aquella España pedestre, manifestarle mi envidia por disponer de un medio de locomoción tan deseado, pero me corrigió de inmediato porque el vehículo era exclusivamente para uso oficial. ¡En la España de la dictadura! Hoy, empero, ¡en la España democrática!, un mandatario, el jefe del ejecutivo, por “cuestiones de seguridad y de honor al cargo que representan” y porque “tienen un tratamiento distinto al del resto de los mortales”, emplea, por motivo personal, no un coche... ¡un enorme avión oficial! El motivo: parece que algo imprescindible de imposible adquisición en España. Si como dice el ministro de Administraciones Públicas del central, la seguridad y el honor atañen al cargo, pregunto: ¿para qué precisa un mandatario comprar en Londres, ¡perdón!, London (no va a ser menos London que Lleida)? ¿Acaso fue a comprar un compass and letters of navigation en el proceloso mar de la política exterior? ¿Fue a mercar, en inglés, el Second Treatise of Government de Locke? No lo creo, pero si así fuera bien puede mandar a su embajador. Respecto del honor, no reconozco otro que el ganado con el esfuerzo personal; en absoluto, el honor ligado a un cargo y mucho menos cuando se logra con el “enorme esfuerzo” de ganar en unos comicios. Creo, sin embargo, en la honorabilidad del cuerpo político, del soberano porque solo a él  se debe acatamiento y honra. O sea, de aquel al que el Sr. Sevilla, con torpeza, ha denominado: “el resto de los mortales”. Conductas tan arcaicas llaman la atención sobre una estructura estatal autonómica con tufos versallescos que se desmorona poco a poco infestada, toda ella, por la carcoma nacionalista.



José Fco. Luz Gómez de Travecedo

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