miércoles, 5 de febrero de 2014


REFERENDOS

El Estado es un acuerdo de una agrupación de individuos, dotada de voluntad y fuerza, para la consecución de fines comunes. Individuos que pasan a ser ciudadanos contrayendo obligaciones y gozando de derechos. A su servicio, los mandatarios, vulgo políticos. Estos tienen a su cargo la consecución de dichos fines y hacer respetar la ley por procedimientos coercitivos. Hablamos de fines colectivos; es decir, fines de todos, en absoluto de este o aquel grupo. Una ley que no responda al interés de la mayoría no es ley, es imposición ilícita de un grupo sobre los demás, es coerción. Algo insufrible y, desde luego, intolerable. Porque no es esa la función del Estado sino la de procurar el interés general. Tres preguntas al respecto: ¿Qué es bien político? ¿Qué es lo que se puede procurar? ¿Qué es mayoría? Respecto de lo primero: bien político es todo aquello que permita que la ciudadanía consiga sus fines. ¡Basta ya del Estado utilitarista que busca hacernos felices! Cada cual concibe el bien de su modo y manera. Durante 2000 años se nos dijo hasta lo que debíamos pensar y eso no trajo más que dolor y error. Respecto de lo segundo, el Estado que no es quien para definir el bien, menos aún lo es para procurarlo. Nada, pues, que no sea, hacer posible el juego limpio. Evitar las tropelías de unos sobre otros al evitar los abusos de poder castigando a quienes se propasan, quienes quiera que sean. Por último, respecto de lo tercero, con cuanta intencionada ignorancia se omite que no se respeta. Es el caso español. Dos hechos lo confirman: el referendo de aprobación del Tratado de Lisboa y el de la aprobación del estatuto catalán. Ni uno ni otro fueron aceptados por la mayoría. El Tratado de Lisboa fue aprobado por un 76,73% de los votos emitidos pero solo por un 32,5% del total de la ciudadanía. El segundo, el estatuto, por un 73,95% de los votantes pero solo por un 36,28% del censo electoral. Aun más: otro tanto sucedió en el referendo acerca de la permanencia en la OTAN. A favor, un 52,5% pero en realidad solo un 31,18%. Los políticos son maestros en ocultar los hechos e ignoran a los indeseables ciudadanos que no se pronuncian. Persiguen sus fines y no aceptan que una ley que no es expresión de la mayoría es imposición sectaria que debería mover a la rebelión cívica. Además, por lo que hace a la filosofía política son ignaros. No les exigimos el romano cursus honorun y así nos va. Por último, en caso de un referendo sobre la escisión catalana, ¿se tendrá presente a esa población que se abstiene de votar porque no se siente motivada en absoluto manifestando así su desinterés?    


José Francisco Luz Gómez de Travecedo

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