ACORRALAMIENTO
A esto nos ha conducido la miopía
política incapaz de ver las trampas del Estado autonómico que fue propuesto
como un avance notable respecto del Estado centralizado. Ceguera,
injustificable, de los políticos y ceguera, justificable, de un pueblo que por
razones de ignorancia aceptó un texto político que cobijaba en sus entrañas la
carcoma: el hecho autonómico. Porque un texto, que es la voluntad expresa de la
ciudadanía, por el que personas físicas, “motu proprio”, se otorgan derechos y
deberes no puede contemplar la presencia perturbadora de esos elementos
extraños, personas jurídicas, que son las comunidades autónomas a las que,
naturalmente, se dota de capacidad legislativas sustrayendo así la capacidad
del pueblo para contratar consigo mismo. Es decir, que al fraccionarlo acaba
con la nación política desde el mismo momento de su aprobación. O lo que es lo
mismo, acaba con el Estado. Tiene razón Maragall cuando afirma que el Estado en
Cataluña es residual, casi un recuerdo. ¡Enhorabuena, se logró! ¿Cuál es la
consecuencia? Acorralamiento. ¿Sabe usted gallego? ¿No? Pues no vale ni para
jugarse la vida apagando fuegos. ¿Creen que un pueblo soberano pacta contra sí
mismo? ¿Creen que un pueblo soberano pacta contra sus hijos? Porque la
emigración se impone. En efecto, puestos a escoger por razones laborales entre
un estatuto y una Constitución y una
lengua zonal y otra universal, siempre
recomendaré a mis hijos la emigración. La alternativa es vivir acorralados,
enchiquerados, en la porción autonómica de nacimiento o ser metecos en otra.
Por cierto: hará bien la autonomía aragonesa en considerar que es un
mediterráneo; o sea, una zona entre tierras con servidumbre de paso (sobre todo
con Europa) en la que el confinamiento autonómico, sin duda, generará claustrofobia
insoportable.
José Fco. Luz Gómez de Travecedo
Es preciso distinguir entre lo viejo y lo antiguo. La Europa de las patrias es lo antiguo y caduco.
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