lunes, 3 de febrero de 2014

ACORRALAMIENTO

A esto nos ha conducido la miopía política incapaz de ver las trampas del Estado autonómico que fue propuesto como un avance notable respecto del Estado centralizado. Ceguera, injustificable, de los políticos y ceguera, justificable, de un pueblo que por razones de ignorancia aceptó un texto político que cobijaba en sus entrañas la carcoma: el hecho autonómico. Porque un texto, que es la voluntad expresa de la ciudadanía, por el que personas físicas, “motu proprio”, se otorgan derechos y deberes no puede contemplar la presencia perturbadora de esos elementos extraños, personas jurídicas, que son las comunidades autónomas a las que, naturalmente, se dota de capacidad legislativas sustrayendo así la capacidad del pueblo para contratar consigo mismo. Es decir, que al fraccionarlo acaba con la nación política desde el mismo momento de su aprobación. O lo que es lo mismo, acaba con el Estado. Tiene razón Maragall cuando afirma que el Estado en Cataluña es residual, casi un recuerdo. ¡Enhorabuena, se logró! ¿Cuál es la consecuencia? Acorralamiento. ¿Sabe usted gallego? ¿No? Pues no vale ni para jugarse la vida apagando fuegos. ¿Creen que un pueblo soberano pacta contra sí mismo? ¿Creen que un pueblo soberano pacta contra sus hijos? Porque la emigración se impone. En efecto, puestos a escoger por razones laborales entre un estatuto y una Constitución  y una lengua zonal  y otra universal, siempre recomendaré a mis hijos la emigración. La alternativa es vivir acorralados, enchiquerados, en la porción autonómica de nacimiento o ser metecos en otra. Por cierto: hará bien la autonomía aragonesa en considerar que es un mediterráneo; o sea, una zona entre tierras con servidumbre de paso (sobre todo con Europa) en la que el confinamiento autonómico, sin duda, generará claustrofobia insoportable.



José Fco. Luz Gómez de Travecedo

1 comentario:

  1. Es preciso distinguir entre lo viejo y lo antiguo. La Europa de las patrias es lo antiguo y caduco.

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