CARTA A LOS POLÍTICOS
Yo, Dignísimo de Utopía, de la estirpe de Prometeo y Atenea. Yo, nacido
de arcilla vivificada por el divino soplo de Atenea. Yo, ciudadano nacido libre
y dueño de mis actos, para bien y para mal. Yo, hijo de la Ilustración,
amamantado en los principios revolucionarios que hicieron del súbdito
ciudadano. Yo, desde mi condición de esclavo manumitido, de hombre libre, os
digo: ¿cómo osáis representarnos? Llamáis a esto democracia representativa
cuando ni es democracia ni representación. ¿Halla representación acaso el
amplio porcentaje de los que se abstienen? ¿Veo, acaso, escaños vacíos en
representación de ellos y de los que votan en blanco? ¿Dónde la democracia
cuando la ley no es propuesta a la consideración del pueblo? ¿Dónde la democracia
de Rousseau o la de Locke? ¿Qué hicisteis de Montaigne? ¿Como habláis de
respeto a la voluntad general y habéis partido, troceado, al Estado y andáis en
la tarea de desguazarlo? Sabedores de esta felonía os apartáis del pueblo
soberano y camináis embozados mirando de reojo. Andáis recelosos y siempre
protegidos. Os disputáis el poder a dentelladas y solo acordáis en los asuntos
que atañen a vuestra retribución. Gozáis de inmunidad parlamentaria y de la
prescripción. Alentáis a una mitad del pueblo contra la otra y no dudáis en
parapetaros tras ellas luego de haber encendido los ánimos y propiciado el
entusiasmo militante. Las fosas están llenas de cadáveres, aquí y allá, que
claman contra vosotros, políticos de toda laya. Sois maestros en inventar todo
tipo de argucias y dar apariencia de ley a lo que no es sino interés de grupo
encubierto. Yo os digo, día llegará en que el pueblo soberano es pedirá cuentas
por vuestros actos. Será preciso que nos organicemos frente a vosotros. El
asociacionismo justiciero es la solución. Si fuerais cautos veríais la forma de
evitar estos hechos, pero temo que vuestra necedad lo impida. NOTA: esto es una
ficción, un juguete literario; en consecuencia, cualquier parecido con la
realidad es mera coincidencia.
José Fco. Luz Gómez de Travecedo
¿Se sentirán aludidos?
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