ESPACIO
VITAL
Me
pregunto si los políticos, todos, tienen hijos; que si, teniéndolos, miran por
su futuro al desguazar el país mandando a paseo su espacio vital. Es decir, el
ámbito de posibilidades de desarrollo personal. Porque, no nos engañemos, el
trabajo público y aquel para el que se requiere cualificación –esto es, los más
remunerados y cómodos- menguan a medida que el territorio estatal se cuartea.
Lo he escrito: los diversos cuerpos del Estado se van a pique, apetecidos por
la voracidad nacional. Es ya imposible, en la práctica, ser maestro nacional o
médico del INSALUD y pronto será imposible ser juez, fiscal, notario, forense,
policía nacional o... ¿Para qué? Pero no me refiero solo a las posibilidades
laborales sino a todas. Coincido con Kurt Lewin cuando expone su teoría del
espacio vital acerca de la influencia
del entorno en la conducta de los individuos por lo que, no obedeciendo la
parcelación del país a otras razones que la consecución nacionalista de un
espacio propio, de un “lebensraum” (espacio vital nacional) excluyente y
adoctrinador, la marginación de todo aquel que no se identifique con el
estereotipo nacional es segura. ¿Nuestro hijo un clon? Inadmisible. El camino,
pues, que permite esta Constitución “deconstituyente” (¡qué sarcasmo!) hará
razonable considerar la emigración de nuestro propio país. En efecto, ante el
hecho consumado de la necesidad de hablar lenguas vernáculas –que ignoramos y
solo permiten la movilidad por una ínsula- al precio de ser siempre ciudadanos
de segunda por carecer de pedigrí, recomendaré siempre a mis hijos la emigración. ¿Qué tal Canadá,
Australia, EEUU? Países de inmigración donde, por ser todos foráneos, el
problema del origen carece de la relevancia que aquí se le da. Países cuya
lengua, inglés o francés, una vez poseída, permite una amplia movilidad que, en
el caso del inglés, es prácticamente total. Es más, dinamitado el contrato
social (Constitución), cuyo fin, según leemos, en el artículo 1 del título
preliminar, es la consecución de la libertad, justicia, igualdad y pluralismo
político, desligado el ciudadano del compromiso contraído, cabría la
posibilidad, por apátrida, de solicitar la emigración por razones de asilo
político. ¿Es esto lo que se quiere? Hay lealtades y lealtades, pero la primera
de ellas es la lealtad a uno mismo y, por supuesto, a los hijos.
José
Fco. Luz Gómez de Travecedo
A esto ha conducido tanta pamema, tanto necio desentendido de la cosa pública, nuestro primer deber.
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