José Francisco Luz Gómez de Travecedo
Mi estimado español. Hace tiempo que no recibís noticias mías, señor, pero, creedme, no he podido dedicaros tiempo alguno de escritura aunque sí he reflexionado para vos. Ved señor. Os trato de tal, de señor. Pero... ¿por qué no, de señoría? No os entiendo. Vuestros diputados, simples mandatarios, son señorías. Vosotros, españoles sois solo señores. Es absurdo que el representante, tenga más merecimiento de trato que el representado. ¿De cuando el espejo que refleja la luz se jactó de ser más digno que el sol? En mi país, Luzlandia como sabéis, los representantes en tanto que ciudadanos tienen trato distinguido, pero en tanto que delegados solo reconocimiento por su buena o mala gestión. Nada más. Otro. La asociación de vecinos, el ayuntamiento, es excelente, pero no, cada uno de ellos por separado. Lo entendéis vos, señor. Yo no, salvo que el primer mandatario, el regidor, quiera ser excelentísimo señor. Explicarlo señor. Para mí es tan absurdo como pretender que el primero de una ristra de jureles tenga valor gastronómico de merluza. Que el primero de una sarta de salchichas tenga sabor de solomillo de ternera. Algo inaudito. Tal vez el intento de distinguir por el rango tenga una motivación bucólica, pastoril. De siempre se supo que el pastor era superior en dignidad a las ovejas. ¿Os consideran ovejas? Aclarar esto, señor, no resulta baladí porque se empieza por el trato y se termina por los merecimientos de tal dignidad. Y esto resulta, además de indecente, insoportable para un pueblo como el vuestro en dificultades económicas. Veamos. Según Internet, en junio del presente año, EEUU disponía de 412 vehículos oficiales mientras España poseía una flota estatal de 1098 y autonómica de unos 30.000 autos. Vuestros políticos señoría, excelentísimo señor, son de morro fino según se dice, pero de nalgas delicadas porque no escatiman a la hora de posarlas. Me viene a la memoria, ahora que digo, la historia de unas sillas modelo Derby a 2683 euros la unidad. ¿Recordáis? ¿Recordáis, señor, la magnificencia de las cortes de antaño? ¿No os parece que tanto pavoneo resulta inadmisible? Os escribo señor, os lo confieso, con rabia contenida pese a no ser este mi país ni ser yo Hessel, pero os digo que hay muchos motivos para la indignación y, no precisamente, financieros. Vuestros españoles verán, pero no puede ir muy lejos un pueblo sepultado por tanto sátrapa por muy excelentísimo señor que sea; pese a su condición de señoría.
Mi estimado español. Hace tiempo que no recibís noticias mías, señor, pero, creedme, no he podido dedicaros tiempo alguno de escritura aunque sí he reflexionado para vos. Ved señor. Os trato de tal, de señor. Pero... ¿por qué no, de señoría? No os entiendo. Vuestros diputados, simples mandatarios, son señorías. Vosotros, españoles sois solo señores. Es absurdo que el representante, tenga más merecimiento de trato que el representado. ¿De cuando el espejo que refleja la luz se jactó de ser más digno que el sol? En mi país, Luzlandia como sabéis, los representantes en tanto que ciudadanos tienen trato distinguido, pero en tanto que delegados solo reconocimiento por su buena o mala gestión. Nada más. Otro. La asociación de vecinos, el ayuntamiento, es excelente, pero no, cada uno de ellos por separado. Lo entendéis vos, señor. Yo no, salvo que el primer mandatario, el regidor, quiera ser excelentísimo señor. Explicarlo señor. Para mí es tan absurdo como pretender que el primero de una ristra de jureles tenga valor gastronómico de merluza. Que el primero de una sarta de salchichas tenga sabor de solomillo de ternera. Algo inaudito. Tal vez el intento de distinguir por el rango tenga una motivación bucólica, pastoril. De siempre se supo que el pastor era superior en dignidad a las ovejas. ¿Os consideran ovejas? Aclarar esto, señor, no resulta baladí porque se empieza por el trato y se termina por los merecimientos de tal dignidad. Y esto resulta, además de indecente, insoportable para un pueblo como el vuestro en dificultades económicas. Veamos. Según Internet, en junio del presente año, EEUU disponía de 412 vehículos oficiales mientras España poseía una flota estatal de 1098 y autonómica de unos 30.000 autos. Vuestros políticos señoría, excelentísimo señor, son de morro fino según se dice, pero de nalgas delicadas porque no escatiman a la hora de posarlas. Me viene a la memoria, ahora que digo, la historia de unas sillas modelo Derby a 2683 euros la unidad. ¿Recordáis? ¿Recordáis, señor, la magnificencia de las cortes de antaño? ¿No os parece que tanto pavoneo resulta inadmisible? Os escribo señor, os lo confieso, con rabia contenida pese a no ser este mi país ni ser yo Hessel, pero os digo que hay muchos motivos para la indignación y, no precisamente, financieros. Vuestros españoles verán, pero no puede ir muy lejos un pueblo sepultado por tanto sátrapa por muy excelentísimo señor que sea; pese a su condición de señoría.
Vanidad de vanidades y todo vanidad.
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